Al Mal Tiempo, Botas de Agua

Ha sido mudarme a Londres y, de repente, sentir la imperiosa necesidad de comprarme unas botas de agua o “Wellingtons” que las llaman por aquí. Cuando vives en un sitio en que el sol brilla casi a diario y la lluvia escasea, en cuanto hace mal tiempo encuentras una excusa perfecta para quedarte en casa. Aquí ese tipo de excusas no valen, a mal tiempo hazte con unas buenas botas de agua. Fuente: fabsugar.com Posiblemente las botas de agua más conocidas son las Hunter, que incluso han llegado a ser customizadas por la firma de lujo Jimmy Choo. Famosas como Kate Moss son fieles a ellas y no hay festival “embarrado” al que no las lleven. Si se trata de botas muy pijas, seguramente las que ganan son Le Chameau. Le Chameau es una marca francesa que ha conquistado a aquellos que no les preocupa gastar un dineral en unas botas de agua. Lo que más me gusta tanto de las botas Hunter como de las otras, es que están disponibles en muchísimos colores. De esta manera, puedes elegir unas botas de un color neutro que combine fácilmente con todo o bien inclinarte por unas de un color llamativo para poner, literalmente, una nota de color en los días grises. Fuente: shop.nordstrom.com No negaré que las Hunter y las de Le Chameau molan y mucho. Sin embargo, también de marcas españolas encontramos botas de agua que poco o nada tienen que envidiar a las extranjeras. En Massimo Dutti este invierno vendían unas con guateado que resultaban muy tentadoras y que en la versión de niños salían muy bien de precios. En ZARA estas rebajas podéis aún encontrar unas botas granates brillantes que aúnan el estilo con la comodidad. Para acabar tengo que reconocer lo evidente: las botas de agua, dado su material, te recalientan el pie de mala manera. Por ello, conviene que te pongas unos calcetines gordos. Me despido deseándoos una buena semana y recomendándoos que el mal tiempo no os agüe los planes.
Locuras por Amor… a los Zapatos

Supongo que todos hemos hecho alguna locura por amor y, bueno, por qué no reconocerlo, alguno de nosotros seguro que también ha hecho alguna locura por amor a los zapatos y es que precisamente es de esto de lo que el post de hoy. Yo reconozco que, aunque adoro los zapatos, trato de aplicar el sentido común a la hora de comprarlos. Eso sí, también he cometidos mis locuras y algunas de ellas han sido enormes. Ya decía una frase de los grandes almacenes Nordstrom que “el amor a los zapatos es amor verdadero”. Fuente: shoeperwoman.com Recuerdo que con 6 años me empeñé, sin éxito, en que mi madre me comprara unas bailarinas blancas de charol (sí, más garrulo imposible, lo sé). Dado que no conseguí que me las compraran, rompí dos “cerditos” para recaudar las tres mil pesetas que costaban. ¿El resultado? Dos cerditos rotos, poco más de mil pesetas y una niña llorando porque no tenía sus zapatos garrulos. La anécdota anterior se puede justificar en la tierna edad del sujeto, es decir, yo. Sin embargo, ya en la facultad me empeñé en que quería unas botas de cowboy de la marca Sendra. Tras ahorrar (entonces ya no había “cerditos” que romper) conseguí por fin comprarme unas. Eso sí, no me corté un pelo y después de dudar entre las botas turquesas y las rojas me llevé a casa estas últimas. En todo caso, la metida de pata no fue elegir un color un tanto llamativo sino empeñarme en la tienda en que las botas de la talla 38, usando una 41, me quedaban genial. Tengo que reconocer que las botas me gustan tanto que a veces me las pongo pero francamente no sé qué tipo de enajenación mental sufrí para llevarme unas botas de tres tallas menos de la mía. En lo últimos años, mis “errores” zapatiles han consistido en comprarme unos zapatos ideales con un tacón altísimo, aún sabiendo que tengo una relación amor-odio con los tacones y que no me siento a gusto con ellos. ¿Cuáles son las locuras que has cometido tú por amor a los zapatos?
¡No Sin Mis Zapatos!

Posiblemente los zapatos sean el complemento más codiciado por las mujeres y ésto no es nada nuevo. Ya los hermanos Grimm, al escribir el cuento de “Cenicienta”, identificaron el pequeño zapato de cristal con la llave que abriría la puerta de la felicidad a Cenicienta. A día de hoy los zapatos vuelven locas a multitud de mujeres. Basta con recordar la obsesión que Carrie Bradshaw de “Sexo en Nueva York” tenía por los manolos y, yendo a casos reales: la colección de más de mil pares de zapatos de Imelda Marcos. Sin llegar a casos tan extremos tengo que reconocer que la mayoría de las mujeres tenemos debilidad por los zapatos. Fuente. Banffkiosk.com ¿Por qué concedemos tanta importancia a los zapatos? Según el calzado que elijas, puedes dar un giro de 180 grados a un look. Optar por unos tacones es la forma más fácil de lograr una figura más estilizada. Para sacarnos el máximo partido y poner la moda a nuestro servicio es imprescindible escoger bien el calzado. Precisamente por el valor que para nosotras tienen los zapatos me sorprende que muchos hombres no presten ninguna (o escasa) atención a su calzado. Para “picar” y hacer reflexionar al sector masculino simplemente dejo caer que es vox populi que la mayoría de mujeres se hacen una idea del tipo de hombre ante el que se encuentran en función de los zapatos que calza. Tenéis dos opciones: adaptaros o sufrir nuestros prejuicios. Os espero la semana que viene con un nuevo post sobre, cómo no, zapatos.